LA AVARICIA DE SORAYA

Capítulo 8

 

Esa mañana era oscura y lluviosa y ahí estaba Soraya metida en un viejo abrigo y gris con un pañuelo todo empapado de lágrimas, las gentes se apretaban junto al panteón, gente de gran nivel, el presidente, ministros, grandes jeques y embajadores de todos los países, Soraya no conocía a nadie, se limitaba a dar la mano a quien se la ofrecía, tampoco sin saber ni siquiera quién era, la vedad era que no le importaba mucho, sus lágrimas eran verdaderamente sinceras, era cierto que se sentía apenada a pesar de que ella se casó con José por lo que se casó.

El féretro fue acercado y bajado poco a poco, introduciéndolo en el panteón. Según iba bajando, las lágrimas de Soraya y de algunos asistentes más se fueron incrementando, mientras se oía algún que otro comentario alagando la labor de José como ministro y como persona; “no se merecía una muerte así” se llegó a oír. Mientras le bajaban, a Soraya le ocurrió un hecho que no quiso darle importancia, el féretro no era uno sino dos, ella creyó que fue por las lágrimas que estaba derramando, pero ilusa de ella, realmente no fue por eso, sí había visto dos, era otro efecto de su enfermedad. Una vez enterrado y ya con la lápida puesta, Soraya se acercó a su madre, a la cual dijo:

–Madre, parece que esto ya ha terminado, me siento realmente cansada y me gustaría irme a casa.

–Es normal, hija, llevamos veinticuatro horas sin parar, y sabiendo yo en el estado en el que estás, realmente debes estar agotada, voy a ver si me las arreglo yo para que esta gente se vaya disolviendo y te acompaño a casa, si quieres me quedo unos días contigo, se lo digo a tu padre y ya está, él se ocupara de las tareas de casa, es lo suficientemente listo para ocuparse de él solo.

–Gracias, madre, pero creo que no me hace falta, está la servidumbre, puedo contar con ella para lo que quiera, eso sí, despide a la gente de mi parte y acompáñame.

–Está bien, hija, haré lo que tú quieras, pero ya sabes dónde estoy si necesitas algo.

–Gracias, madre.

Una vez despedida la gente, madre e hija se dirigieron a casa en el auto de la madre, durante el camino Soraya volvió a ver doble, pero no dijo nada –sería algo que tendría que consultar con el doctor–.

Llegadas a casa, Soraya saludó al servicio de la casa y les dijo que nadie la molestara, que iba a descansar en su habitación, se despidió de su madre diciéndola adiós con una pequeña sonrisa picarona, se tumbó y hasta el día siguiente no apareció.

 

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10 comentarios sobre “LA AVARICIA DE SORAYA

      1. y la seguirá teniendo no tiene cura, si era un buen compañero, seguro merece una buena visita, me imagino que le gustará, dependiendo en el estado que esté claro y si ya te digo yo que es muy jodida no solo para mi, para la familia también.

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      2. Era muy majo, pero está destinado desde hace años en otra ciudad, así que he perdido el contacto. Aun con los problemas de movilidad y comunicación que tenía, era un tipo que cumplía con su trabajo y siempre mostraba (o intentaba) mostrar una sonrisa.
        ¡Ánimo!

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