LA AVARICIA DE SORAYA

Capítulo 4

Llegada ya la noche y con José en casa, la pareja cenó junta, entablando una grandísima conversación de todo lo que había hecho José durante todo el día, que si muchos contactos con sus colegas europeos, que si había que intentar arreglar el sistema de pensiones, que habían decidido subir los impuestos para el próximo año, conversaciones con los mejores empresarios asiáticos…., cosas que en realidad a Soraya no la importaban, tenía más el pensamiento en su verdadero problema que no en otros asuntos más económicos y empresariales.

Llegadas las once, Soraya, decidió decir a su marido que ella se había pasado el día de ama de casa –cosa que no era cierta– y que ya era hora de descansar e irse a la cama a dormir.

–Pero, cariño, si todavía es muy pronto.

–Ya lo sé, José, pero yo llevo todo el día limpiando y recogiendo.

–Pero ¿para qué pago a una servidumbre?, tú en realidad lo que tienes que hacer es salir, disfrutar, hacer algún cursillo de algo, yoga, gimnasia, Pilates, relajación en sí, sabes que dinero no me falta y ten por seguro que yo te lo pagaría con mucho agrado.

–Ya lo sé, cariño, –lo de cariño no era cierto para nada, solo lo dijo para disimular– pero yo me quiero sentir como tu auténtica mujer, te quiero limpiar la casa, hacer la compra, lo que cualquier otra esposa haría.

–Bueno, haz lo que quieras, pero ya sabes que aquí si quieres te sentirás como una reina.

–Gracias, cariño, pero yo prefiero irme a la cama, estoy cansada, ya hasta empiezo a ver mal.

–Bueno, no pasa nada, de aquí a un rato voy yo.

Soraya se fue a la habitación, mientras que José se sentó en el gran sillón del salón, se acercó a un cajón que había al lado, lo abrió y de él saco un gran puro el cual encendió y disfrutó con agrado y convicción.

Terminado el habano, se fue a la habitación, donde Soraya estaba tumbada en camisón y ya disfrutando de un gran sueño, José se quitó la ropa quedándose en cueros, se tumbó al lado de Soraya y empezó a manosearla, lo cual hizo despertar a la muchacha.

–¡Qué haces…!

–Pues eso, cariño, lo que hay que hacer –dijo José ya con el pene semierecto.

–No, José, no me puedes despertar así solo y simplemente para satisfacer tus deseos, hoy no, te he dicho que el cansancio que tengo está ya acumulado, necesito descansar, haz el favor y relaja ese músculo ya.

José no pudo decir nada, a dos velas se quedó y diciendo solo:

–Soraya, mañana no vendré durante el día; si algo necesitas, aquí hay gente que pago y te ayudará, para mí mañana será un día de mucho trabajo y si necesitas algo me puedes llamar, sea lo que sea.

–Vale, cariño, pero déjame dormir.

Así se pasó la noche, con la pareja durmiendo y pensando cada uno lo que tenían que hacer al día siguiente.

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