LA AVARICIA DE SORAYA

Capítulo 3

Soraya salió de casa junto a su mayordomo, siguieron el camino que les llevaba al mercado a un paso normal más bien ligero para Soraya, durante el transcurso del trayecto se dio un pequeño tropezón, el cual casi la hace caer al suelo

-Cuidado señora que no quiero llegar a casa con mi señora con un esguince

-No se preocupe, creo que he escogido un mal calzado, tengo unos zapatos de medio tacón

-Bueno, tenga cuidado que ya nos queda poco –dijo el mayordomo-

Una vez llegado al mercado –no sin antes habiéndose dado otro par de tropezones, porque las aceras que rodeaban el mercado no estaban asfaltadas, si no que más bien eran de piedra-, entraron y se dispusieron a ver una gran cantidad de puestos de venta, había de todo, frutería, carnicería, pescadería, todo lo que un mercado suele tener, había hasta quiosco.

Se decidieron a comprar, primero cogieron el pan, no sin antes preguntar

-Y José, ¿vendrá a comer?

-No señora, creo que comerá usted sola, el señor siempre suele comer fuera por reuniones de trabajo, si viene a casa suele avisar

Luego se dirigieron a la frutería y compraron espárragos verdes, continuaron en la pescadería, decidiendo que, si iba a comer ella sola, con una rodaja un poco gruesa de salmón tendría de sobra, no dejaron pasar por alto el quiosco, comprando una serie de gominolas con y sin azúcar, -Soraya siempre había sido muy golosa, y no podía dejar pasar la oportunidad pudiendo comprar goloseo

Ya volviendo a casa Soraya se volvió a tropezar y dijo

-Tranquilo, definitivamente hoy he escogido mal los zapatos

Una vez llegados a casa echó a toda la servidumbre de la cocina, procediendo ella misma a elaborar su propia comida, puso a cocer los espárragos verdes y luego a pasarlos por el pasapuré quitando la mayoría del agua de la cocción, echó un poco de sal, puesto que al probarlo la resulto un poco soso, hizo unos pocos de picatostes con el pan, que la iba a sobrar ya que José no iba a ir a comer y llegando la una del mediodía encendió la plancha para que se calentara y se hizo la rodaja de salmón con un poco de perejil, allí mismo se dispuso a comerlo, para que ir al salón, si había una mesa hermosa en la propia cocina donde podía comer.

Una vez que termino toda la comida se dispuso a echarse la siesta, no sin antes hacer una llamada.

-Madre, ¿qué tal estas?

-Hija! Y tu ¿Cómo estás?

-Pues no muy bien madre, tú ya sabes

-Pues claro que sé, claro que sé, porque lo has hecho hija, porque, si sabes que aquí no te iba a faltar de nada

-Ya madre, ya, pero vosotros no tenéis el dinero que tiene José, y quien sabe alomejor con dinero se soluciona mi problema

-Ya, pero José debería saberlo, ¿no crees?

-Si lo hubiera sabido no se hubiera casado conmigo seguro, solo te llamaba para recordarte que mañana me toca médico y que espero que me acompañes

– Claro que sí hija, como no te voy a acompañar, a qué hora tienes

-A las once y cuarto, quedamos en la plaza de siempre a las diez, ¿vale?

-Claro que si hija, claro

-Me voy a echar la siesta que ha sido una mañana muy larga, y aún no ha terminado el día, mañana te veo y te cuento

-Claro que sí hija, tengo ganas de darte un achuchón fuerte

Una vez colgado el teléfono Soraya mando al servicio que nadie la molestara, y se fue a su habitación, con la mera y simple opción de tumbarse a cuerpo de rey y entrar en un verdadero descanso, el día había sido muy largo.

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