UNA TORMENTA DE AMISTAD

Capítulo 10

Cuando llegaron a casa, Elena enseguida se acercó hacia su padre para contarle los acontecimientos sucedidos.

– ¿Y dices que ha pasado toda la noche allí?

-Sí -contestó Luis.

-Me avisó, pero no le quise hacer caso.

– ¿Y no sabéis donde están?

-Pues no, y es muy raro -replicó Elena.

-Pues claro que es raro, o no tanto, ¿a quién se le ocurre quedarse tanto tiempo en el monte con el tiempo que hacía? Parecéis verdaderos críos.

Diciendo esto, enseguida Cipriano cogió unas llaves que tenía en un cajón, Elena se dio cuenta rápido y comentó:

-¿Qué hace, padre, si ya ni se acordará de conducir?

-Tenemos que irnos a Lleida, es el hospital más cercano.

– ¿Cómo que el hospital?

-Sí, con la cantidad de agua y el tormentón que cayó ayer, estoy casi completamente seguro de que están allí, y más diciéndome que estuvisteis tanto tiempo…, iluso, ¿es que no sabes que en la montaña hace siempre más frío que aquí abajo en el pueblo? Vamos, que tenemos prisa, y donde esté María estoy yo.

Con mucha rabia, Cipriano se dirigió al coche, lo arrancó con los dos chavales montados y hacia el hospital se dirigieron.

Una vez allí, se fueron a la sala de espera, donde encontraron a María.

– ¡Ay, Cipri! Pedro está muy grave, dicen que tiene neumonía y que le darán antibióticos, pero está muy grave.

Todo esto se lo fue diciendo agarrados los dos muy fuertemente.

-Muy grave, ¿cuánto de grave? -dijo Elena con ojos húmedos y a punto de llorar, sin dejar de mirar a Luis con cara de rencor.

-Solo me han dicho que está muy grave y que hay que esperar a ver si los antibióticos hacen efecto.

– ¿Le puedo ver?

-Ni a mí me le dejan ver todavía, tenemos que esperar.

Los tres se quedaron inmóviles sin saber qué decir, se sentaron y esperaron con un vasito de café cada uno… hasta que una enfermera dijo:

-La madre de Pedro, por favor.

-Sí, soy yo.

-Puede pasar a verle un cuarto de hora, pase por el pasillo todo recto, gire a la izquierda y entre.

– ¿Puedo pasar con usted, María?

-Solo dos, dijo la enfermera.

-Claro, Elena, claro.

Así lo hicieron. Entraron las dos y vieron a Pedro rodeado de cables y tubos por todos los sitios.

– ¡Ay, hijo!, ¿cómo estás?

No recibió contestación alguna.

– ¡Pedro, ¡Pedro, soy Elena, sé fuerte, que de esta vas a salir!

Pedro abrió un poco los ojos y sonrió a las dos mujeres, las dos le agarraron cada una de una mano. Elena dijo:

-Pedro, sabes que te quiero, el último beso que me diste en la ribera todavía lo recuerdo, fue el más bonito que me has dado nunca.

Elena no paraba de abrazarle, hasta que llegó el turno de su madre.

-Pedro, sabes que estoy muy orgullosa de ti, que te quiero horrores, y que seguro tendrás otro padre (se refería a Cipriano), así que aguanta, que en el pueblo hay mucha gente que te está esperando.

Cuando dijo esto entró la enfermera y anunció:

-Vamos, vamos, que aquí no se puede estar tanto tiempo.

-Espere, espere -dijo Elena quitándole la mascarilla a Pedro y dándole un beso.

-Veeengaaa….

Las dos chicas emprendieron la vuelta por el pasillo hasta que llegaron a la sala de espera, donde Cipri y María se dieron un abrazo gigantesco y Elena y Luis se miraron y agacharon la cabeza.

-Es culpa mía, es culpa mía -no paraba de decir Luis-, lo siento, lo siento…

-Bueno, Luis, tranquilo, tenemos que esperar y piensa que la vida es así y que lo va a superar, es tu amigo y lo seguirá siendo, seguro.

El día transcurrió en el hospital esperando noticias de Pedro y en un silencio sepulcral.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s