UNA TORMENTA DE AMISTAD

Capítulo 9

 

Eran ya las cinco menos diez de la mañana cuando María entró en la habitación de Pedro, -cosa que no solía hacer nunca, Pedro siempre solía levantarse antes que su madre para ir preparando las masas para hacer el pan-.

-Pedro, ¿qué pasa hoy que se te pegan las sabanas? ¡Venga, venga, que hay que levantarse!

-No lo sé, madre, no estoy para nada católico, me duelen todos los músculos y creo que tengo fiebre. ¿Qué tal lo pasasteis ayer?

-Muy bien, hijo, hasta que llegó la lluvia y nos tuvimos que ir -dijo mientras empezaba a recoger la ropa que tenía Pedro en una silla-. Pero, hijo, ¡si tienes la camisa empapada, y los pantalones y los playeros! ¿dónde has estado esta noche?, ¿qué has estado haciendo?

-En la montaña con Luis, y lloviendo todo el rato.

-Pero ¿estás tonto o qué te pasa? ¿Es que no sabes cuándo va a caer una chaparrada buena? Parece mentira que seas de aquí.

Cuando dijo esto se acercó a la cama y palpó con su mano la frente de su hijo.

– ¡Pero si estás ardiendo, por lo menos tienes cuarenta grados! Vamos, vístete, que llamaré a una ambulancia.

-No puedo, madre, me duele todo el cuerpo.

-Bueno, pues espera.

María incorporó a su hijo como pudo y le fue vistiendo; una vez hecho esto, llamó a una ambulancia que les llevaría al hospital de Lleida, que era el hospital más cercano.

Ya por la mañana, más tarde de lo acostumbrado, Elena se acercó a la tienda a por el pan, evidentemente se dio de bruces con la puerta, pues demasiado tarde vio un cartel muy grande en el que ponía “cerrado”. Se extrañó mucho y acto seguido se preocupó, preguntándose para sí misma qué habría pasado; era muy raro que María no hubiera abierto todavía. A continuación se dirigió hacia su casa con mucha extrañeza, era como si tuviera otro sentido, y estaba casi segura de que algo malo había pasado.

A lo lejos vio a un chico caminando en solitario con una maleta, parecía Luis, ella enseguida preguntó:

– ¿Luis…?

Y gritó fuertemente…

– ¡Luis!, ¡Luis!

El chico se dio cuenta de que era una voz femenina y le pareció saber de quién era, pero ni se giró para ver.

-Pero, Luis, que soy Elena.

En ese momento se giró sin parar de caminar, Elena tuvo que lanzarse un poco al trote para cogerle.

-Luis, ¿por qué no me haces caso?, ¿y qué haces con una maleta?, ¿adónde vas?

-Me voy a Barcelona, no quiero saber nada de vosotros, os vi el otro día en la chopera, me voy.

– ¿Y tu madre?

-Mi madre se queda, quiere comprar la casa que alquilamos los veranos.

– ¡Qué guay!, así estarías todos los veranos aquí.

-No creas, si vengo sería solo y simplemente para volver a ver vida de otro planeta, porque sé de seguro que la hay, y si no me crees pregunta a tu novio, Pedro, que ayer estuvo conmigo y lo vimos.

– ¡Pero qué tonto eres! Ayer cayó una muy gorda y en la montaña haría mucho frío, imposible.

-Pues sí, allí estuvimos, mereció la pena.

Elena ahora sí que se empezó a preocupar más, sabía de sobra que la chaparrada de ayer en la montaña era peor que abajo, pero no le dijo nada, solo le comentó:

-Entonces, ¿te vas a Barcelona porque nos viste en la chopera?

-Sí, y porque no puedo vivir donde está la mujer a la que más quiero, la cual además está liada con mi mejor amigo.

Mira por donde, que, así como si tal cosa, le dijo a Elena que era la mujer de su vida.

-¿Qué me acabas de decir?, ¿que soy la mujer que más quieres?, ¿te estás declarando?

-Tómatelo como quieras, pero te acabo de decir todo lo que siento, y sin que me tiemblen las piernas ni tartamudee, pero sé que ahora no sirve de nada.

-Claro que ahora no sirve de nada, ahora solo sirve saber lo que ha pasado con Pedro y María.

Una vez lanzado ya, Luis la pidió de rodillas y medio llorando miles de perdones por ese beso robado que le dio y del cual estaba tan arrepentido.

Elena y Luis, después de haberse pedido disculpas mutuamente, y habiéndole convencido para que no se fuera a Barcelona, se fueron donde Cipriano para contarle que la panadería estaba cerrada y que Pedro había pasado toda la noche en la montaña con toda la tormenta que había caído.

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