UNA TORMENTA DE AMISTAD

Capítulo 3

 

María, que estaba en la panadería con Pedro, fue la que ordenó a su hijo que por favor acudiera a la casa de Elena simplemente para que recordara a su padre que cerraban a las ocho y que no se le olvidara que tenía una cita con ella; todavía no se fiaba y le había resultado extraño que él aceptara, en realidad ella también se había lanzado un poco a la aventura, habiéndole propuesto ella misma una cita, y quizás también se hubiera precipitado un poco, pensaba que quien era ella para meterse en la vida de un pobre viudo ya jubilado sin ganas de nada, era como si fuera obligado, que en realizad razón no la faltaba.

Con estas, Pedro tuvo que obedecer a su madre y fue hacia la casa de Elena con un poco de timidez, puesto que él nunca había ido solo donde Elena, siempre iba en compañía de Luis, y escondidos, para despertarla; pensaba que cómo iba a llamar a casa con todo el descaro, y decidió hacer lo de siempre, dirigirse hacia la parte de atrás de  la casa, que era donde estaba la habitación de Elena, y hacer lo que hacía siempre su amigo, y así lo hizo, se fue a la parte de atrás de la casa, se puso de cuclillas, y bajo la habitación de la chica susurró…

-Elena, Elena….

Allí no aparecía nadie, volvió a susurrar un poco más alto:

-Elena, Elena, Elena…

Hasta que la cortina se entreabrió y aparecieron unos ojos verdes claros y una melena rubia diciendo….

-¿Qué pasa?, ¿qué pasa?, ¿eres tú, Luis? Ya sabes que a estas horas en mi casa se come.

-No -contestó Pedro todavía susurrando.

-Soy Pedro, que venía a recordarle a tu padre que cerramos a las ocho, y que tiene una cita con mi madre, solo era eso, no me atreví a llamar.

-¡Ahhh, Pedro!, no te esperaba yo aquí, pero levántate, ponte de pie, que no hace falta que hagas lo mismo de las mañanas, mi padre ya está levantado y no le vas a despertar.

Pedro se incorporó y se fijó más en la cara de Elena, en sus ojos verdes, su melena rubia y su nariz chata.

-Pues eso, que tu padre tiene una cita con mi madre.

-Ya, ya lo sé, por fin mi padre sale de casa, pero espera que salgo yo, que te tengo que contar una cosa que me ha pasado cuando volvía a casa con Luis.

-Vale, aquí te espero -contestaba todavía en voz baja.

Elena salió y se fue hacia la parte de atrás…

-¿Qué ha pasado? -dijo Pedro.

-Pues que tu amigo me ha dicho que me quiere mucho, y lo malo no es eso, lo malo es que me ha plantado un beso en toda la boca sin mi permiso.

-Ya se decidió -pensó Pedro

-Y pensando que es un buen chaval, y que de verdad sé que no lo ha hecho de mala gana, sin embargo no me han gustado sus formas y sus modales.

-Ya.

-Las cosas no se hacen así, además es mi amigo y no quiero perderle.

-Ya -volvió a repetir Pedro.

-No se puede robar un beso a una mujer, así porque sí.

-Ya, ya, no se puede, no se puede -contestó embobado, sin parar de fijarse en sus ojos.

-¡Pues no me coge y se acerca sus morros sobre los míos y me planta un beso, tal que así!

En esos momentos Elena agarra a Pedro y le planta un beso en la boca, justo cuando él la agarra de la cintura, arrimando más su cuerpo junto al suyo y echándose dos pasos hacia atrás, para apoyarse junto a un tronco de una higuera que había en el jardín. Allí estuvieron por lo menos cinco minutos, dándose un beso mutuamente. Pedro pasó la mano junto a un seno de Elena, acariciándolo lentamente, hasta que Pedro la empujó hacia atrás para apartar su cuerpo del suyo.

-Elena, me gustas mucho, eres la chica más bonita que he conocido -comenzó el chico-, pero esto no lo podemos hacer; sabiendo que mi mejor amigo está locamente enamorado de ti, sería traicionarle.

-¿Y que?, ¿y que, si a mí realmente me gustas tú, desde que éramos pequeños?, desde entonces me gustas, y después de este beso me gustas aún más.

-No puedo traicionar a mi amigo.

-¿Por qué?, si te gusto, ¿por qué?

Elena le cogió las dos manos y las puso sobre sus dos pechos.

-LLevo esperando esto hace mucho tiempo, solo dime, ¿te gusto?

-Pues claro que me gustas, te amo con locura, pero tampoco soy un traidor -dijo Pedro apartando sus manos de los pechos.

-No puedo, Elena, no puedo, lo deseo, pero no puedo -susurró, agachando la cabeza-. Anda, Elena, entra en casa, y dile a tu padre que mi madre la espera a las ocho.

Elena, con gesto serio y cabizbaja, entró en casa arrastrando las piernas y casi sin fuerzas, una lágrima empezó a desprenderse sobre su mejilla y sus cuatro pecas salteadas.

 

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2 comentarios sobre “UNA TORMENTA DE AMISTAD

  1. ¡Madre mía! ¡Qué triángulo amoroso!

    Sigo con algunos pareceres al leerte:
    Intenta que, en caso de hacer frases subordinadas, la lectura no quede farragosa. Por ejemplo, el segundo párrafo se pierde en explicaciones que hacen que el lector se confunda. Es mejor poner puntos y empezar nueva frase; nadie dice que las frases no puedan ser largas, pero cuanto menos las anilles, mejor (por anillar quiero decir un esquema tipo “Frase 1, Frase 2 subordinada a 1, Frase 3 subordinada a 2, continuación de Frase 1, etc.”)
    Bien la descripción de Elena, tanto por el uso de la regla de tres (tres características), como por hacerlo bajo la visión del otro personaje.
    Los pensamientos se entrecomillan (con “pensamiento” o con «pensamiento», no con raya de diálogo)

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