UNA TORMENTA DE AMISTAD

Capítulo 2

 

 

Después de comprar el pan y siendo acompañada por los dos muchachos, Elena volvió a su casa, cogió las llaves para abrir la puerta y, dando dos besos a cada muchacho, entró en casa con un sonoro grito.

-¡Buenos días, padre! Te traigo el pan como todas las mañanas, y magdalenas para que mañana puedas desayunar.

El padre, con aspecto cansino y como medio desorientado, le contestó:

-Buenos días, hija, ¿por qué te vas tan pronto de casa, y por qué siempre estás con esos dos muchachos?

-Padre, uno es Pedro, el hijo de la panadera, el otro es el chico de todos los veranos, que cuando sube al monte vuelve siempre temprano para despertarme y contarme historias de no sé qué marcianos, ¿no te acuerdas de él?

-Si, hija, sí, claro que me acuerdo de él, pero ¿por qué viene tan temprano?

-No sé, padre, pero es un buen chico, no se preocupe. Por cierto, padre, he estado hablando con la panadera y me ha dicho que debe salir más, que cuando pueda y quiera le invita a una cerveza y a charlar un poco.

-¡Uy, hija!, ya sabes que desde que murió tu madre yo no soy quien era y que cuando tomo algo enseguida me pongo piripi, me entretengo mucho arreglando relojes, sabes que es mi pasión.

-Lo sé, padre, lo sé, pero ya le está empezando a salir chepa de tanto reloj, debería aceptar su invitación, es una señora muy liberal y muy simpática, se llama María, usted verá, padre…

Después de tener una largo y extenso dialogo, el padre accedió y decidió quedar con María.

-Está bien, hija, quedaré con ella. Mañana le preguntas dónde y cuándo.

-Muy bien, padre, así me gusta, que salga de su caparazón, madre ya está muerta y no va a volver, ahora tiene que disfrutar usted.

Con estas, al día siguiente después de estar con Luis y Pedro, Elena le comunicó la decisión de su padre a María.

-Estupendo, Elena, dile a tu padre que yo a las ocho cierro, que se puede pasar por aquí.

Pedro se quedó con su madre ayudándola, mientras que Luis fue acompañando a Elena hasta su casa.

-Elena, creo que ha llegado el momento de decirte una cosa muy importante para mí.

-¿El qué…? -contestó Elena, sabiendo lo que la venía encima.

-Pues, veras, es que, es que…. Yo creo que estoy enamorado de ti, bueno, creo no, que estoy enamorado de ti.

Y con estas, le robó un beso, vamos, que la dio un morreo que ni siquiera ella esperaba.

-Pero ¿qué haces, Luis?, este beso no me ha gustado nada, además, tú y yo solo somos amigos, que no se vuelva a repetir.

Habiéndosele quedado cara de bobo a Luis, dejó en su casa a Elena pasmada y ruborizada.

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 comentarios sobre “UNA TORMENTA DE AMISTAD

  1. ¡Juas! Lo del padre piripi arreglando relojes y la chepa subsiguiente es genial.
    Pero, como dices que quieres que te digamos también lo malo para mejorar, te digo que hay una excesiva repetición de la palabra “muchacho” en las primeras líneas. Siempre es aconsejable intentar poner sinónimos que eviten dar una impresión machacona al leer, aunque, eso sí, sin caer en la pedantería (si no queda otro remedio que repetir, se repite)

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